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EL TRABAJO EN EL SEÑOR NO ES EN VANO
EL TRABAJO EN EL SEÑOR NO ES EN VANO

EL TRABAJO EN EL SEÑOR NO ES EN VANO

Raúl Ortega Zagoya
Predicador Raúl Ortega Zagoya
Publicado el 25 de Agosto, 2026
Estudio de Raúl Ortega Zagoya

Estimados hermanos y lectores de +este órgano informativo de la Iglesia Cristiana del Evangelio Eterno; les presento algunas consideraciones de la palabra divina, para reflexionar el caso particular del trabajo en el Señor para lo que me limito a expresar conceptos de la misma escritura esperando en Dios que de alguna manera estemos motivados por ella a servirle; y él dará el crecimiento necesario.

Trabajo: es la actividad humana cuyo enfoque que está dirigido a la producción de bienes y servicios, que permite la satisfacción de necesidades.

Veremos lo referente al aspecto espiritual: Dios trabaja (Juan. 5:17), el profeta Isaías habla de Cristo: “El trabajo de su alma verá” (Isaías. 53:11). Existe un salario para tu trabajo (Jeremías. 31:16); no se debe perder el fruto del trabajo (2 Juan. 1:8).

Para recibir el pago es necesario trabajar primero (2 Timoteo. 2:3, 9), si la obra permanece recibirá recompensa (1 Corintios. 3:14-15); mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra aguardando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y tardía (Santiago. 5:7-8) si tenemos la aprobación de Dios no estamos trabajando en vano (Salmos. 127:1). San Pablo temía que en algunos, el trabajo fuese en vano (Gálatas. 4:11), para ello es necesario retener la palabra de vida para glorias en el día de Cristo, y no recorrer en vano ni trabajar en vano (Filipenses. 2:16), si nos dejamos vencer por el tentador el trabajo fue en vano (1 Tesalonicenses. 3:5); el ejemplo de trabajo primero es el de Cristo, por todo el sufrimiento que llevó por su Iglesia. Así mismo sus apóstoles como Pablo que tanto en lo material como en lo espiritual nos dio ejemplo (Hechos. 20:35), (2 Corintios. 6:5 y 2 Corintios. 11:23-27), (1 Tesalonicenses. 2:9 ) y de esa manera trabajando no se necesitará nada de los extraños ( 1 Tesalonicenses. 4:11-12).

La Iglesia debe reconocer a los que trabajan y presiden, deben tenerlos en mucha estima por amor de su obra (1 Tesalonicenses. 5:13-14), reconocerlos por amor de su obra, recordamos que es necesario trabajar por amor de su nombre; y que el Señor sabe reconocer el trabajo (Apocalipsis. 2:2).

Dios no es injusto para olvidar nuestro trabajo, primero es nuestra obra y trabajo de amor a su nombre; y el servicio a su Iglesia (Hechos. 6:10), porque nos hará descansar (Mateo. 11:28-29, Apocalipsis. 14:13). Si en poco somos fieles sobre muchos nos podrá, para entrar con Él en su gozo (Mateo. 25:21), por tener a Dios, por ocuparse en su obra, será conveniente servirle con alegría (Salmos. 100:2), y jamás expresarse como el pueblo de Israel, según menciona el profeta que expresaron: ¡Oh qué trabajo! (Malaquías. 1:13); ni con negligencia porque es aborrecida de Dios (Mateo. 25:25, Proverbios. 10:4, Proverbios. 19:15 y Romanos. 12:11), la amonestación: no des sueño a tus ojos; ve la hormiga oh perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir, hasta cuándo te levantarás de tu sueño? (Proverbios. 6:6-11), por lo cual dice despierta tú que duermes, levántate de los muertos y te alumbrará Cristo, ahora es tiempo de levantarnos del sueño (Efesios. 5:14 y Romanos. 13:11).

Recordamos que el hombre que en su ánimo se dobla, tiene un indicador que es inconstante en todo lo que emprende (Santiago. 1:8, Santiago. 4:8), pero en cambio, nuestro galardón es grande en los cielos, son bienaventurados los que mueren en el Señor; porque descansan de sus trabajos, y sus obras con ellos siguen (Mateo. 5:12 y Apocalipsis. 14:13).

Quiero prestar utilidad en esta participación, desearles del Señor mucha bendición y sea leída la palabra bendita en las citas señaladas, finalizando con el pensamiento de San Pablo a los Hebreos: “Os haga aptos en toda buena obra, para que hagáis su voluntad; haciendo Él en vosotros lo que es agradable delante de Él, por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.”.

El pregonero de Justicia No.2 Septiembre 1996, Pagina 13