Raúl Ortega Zagoya (28 de agosto de 1945 – 19 de marzo de 2025)
Raúl Ortega Zagoya nació el 28 de agosto de 1945, siendo el segundo hijo del matrimonio formado por Julio Ortega Contreras y Lidia Zagoya Castillo.
Fue hermano de Eliezer, Abel, Cuauhtémoc, Macario y Nelly.
Contrajo matrimonio con María de la Luz Mejía Chino, con quien formó una familia y tuvo cinco hijos: Lydia, Esther, Raúl, Loida e Israel. Con el paso de los años, tuvo también la dicha de conocer y amar a sus nietos: Lidia Elienai, Esther, Loida, Esdras Raúl, Daniel Elías e Isaac Isaí.
Su vida fue extensa, intensa y fructífera. Fue un hombre que dejó huella en diferentes ámbitos: campesino, profesor, músico, director, autor, pastor y, sobre todo, un hombre que amó profundamente a Dios y a su familia.
Su vida como campesino
Desde muy joven estuvo ligado al trabajo del campo. Cultivó sus tierras con dedicación, esfuerzo y esmero, llegando a obtener varios reconocimientos por su producción de maíz.
Su pasión por el campo se reflejaba en la calidad de sus cosechas: obtuvo mazorcas de hasta 32 carreras, elotes de gran tamaño y milpas que destacaban por su altura y abundancia.
Además del maíz, cultivó haba, frijol, calabaza, chile, papa y alfalfa, entre otros productos. El campo fue para él no solamente una fuente de sustento, sino también un espacio donde manifestó su disciplina, su perseverancia y su amor por el trabajo.
Su trayectoria como profesor y músico
Otra de las grandes facetas de su vida fue la docencia, especialmente en el área de música y educación artística.
Ejerció como profesor de música en diferentes instituciones y localidades, entre ellas:
● San Martín Texmelucan
● Santa Justina Ecatepec
● Huejotzingo
● Secundaria Presidente Juárez de Tlaxcala
● San José Teacalco
Fue también profesor y autor del himno de la Escuela Normal Urbana de Tlaxcala, así como director de la Secundaria de La Magdalena Tlaltelulco.
Posteriormente desempeñó el cargo de Jefe de Materia de Educación Artística de las Secundarias Generales de Tlaxcala, desde donde pudo aportar su experiencia y conocimientos a la formación de numerosas generaciones de estudiantes.
Como maestro destacó especialmente en la formación de grupos musicales y corales. Su trabajo trascendió las aulas: llevó un grupo musical al Canal 13 y participó en una representación de la cultura tlaxcalteca en Salinas, California, llevando con orgullo parte de las expresiones culturales de su tierra.
Su vida como pastor y predicador
Pero, por encima de todas estas facetas, hubo una que marcó profundamente su existencia: su servicio a Dios.
El 31 de diciembre de 1961, fue bautizado en el nombre de Jesucristo. Poco tiempo después comenzó a predicar el Evangelio de Jesucristo en las localidades a donde Dios le permitió llegar.
Sus primeros recorridos los realizó en bicicleta, y posteriormente utilizó cualquier medio de transporte que estuviera a su alcance. No fueron las comodidades las que determinaron su servicio, sino la convicción de llevar el mensaje de Dios a quienes lo necesitaban.
Con el paso de los años, recorrió incontables lugares, predicando el Evangelio y trabajando en la expansión de la obra de Dios. Fundó congregaciones en diferentes partes de nuestro país y también en el extranjero, dejando tras de sí comunidades de fe y personas cuya vida fue tocada por su ministerio.
Amó a Dios y amó a la Iglesia en toda la extensión de la palabra y sobre todas las cosas. Para él, predicar no era solamente una actividad, sino una responsabilidad y una pasión que llevó consigo durante toda su vida.
Una vida de pruebas y superación
La vida de Raúl Ortega Zagoya no estuvo exenta de dificultades. Desde su infancia enfrentó circunstancias que pusieron a prueba su vida y su fortaleza.
Siendo todavía muy pequeño, su padre tuvo que irse a trabajar a la Ciudad de México con el propósito de reunir dinero para su ataúd, pues los pronósticos médicos hacían pensar que su vida llegaría pronto a su fin. Sin embargo, contra aquellos pronósticos, sobrevivió y continuó adelante.
También sufrió un accidente en el que una mula lo pateó en la cabeza, después de que se soltara la rienda de la carreta que conducía. Sobrevivió igualmente a una caída cuando viajaba sobre una camioneta cargada de zacate.
A lo largo de su vida enfrentó además enfermedades como el cáncer y el herpes, y sufrió accidentes y situaciones de gran peligro. En Acayucan, tuvo un accidente en el que su camioneta se volcó.
En otra ocasión, en el municipio de Tecamachalco, fue víctima del robo violento de su automóvil.
Cada una de estas experiencias pudo haber marcado el final de una historia, pero una y otra vez salió adelante. Su vida estuvo llena de momentos difíciles, pero también de perseverancia, fe y fortaleza.
Su legado
Raúl Ortega Zagoya fue muchas cosas a lo largo de su vida: campesino, maestro, músico, director, autor y pastor. Pero quienes lo conocieron saben que, por encima de sus ocupaciones y reconocimientos, fue un hombre que buscó servir, trabajar y dejar algo para las generaciones que vendrían después de él.
Dejó semillas en el campo, enseñanzas en las aulas, música en los corazones, congregaciones en distintos lugares y, sobre todo, una trayectoria de servicio a Dios.
Hoy sus labios han callado, sus manos han dejado de trabajar y sus pasos han terminado los caminos de esta tierra. Él ya descansa de sus trabajos, pero aquello que sembró continúa dando fruto.
Su predicación permanece en aquellos que escucharon su voz. Su enseñanza permanece en quienes fueron sus alumnos. Su música permanece en quienes aprendieron con él. Su ejemplo permanece en su familia, en la Iglesia y en todos aquellos que caminaron a su lado.
Porque, como dice la Escritura:
“Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansan de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen.”
Apocalipsis 14:13, RVR1909
Y así como los árboles más fuertes también llegan a su fin, dejando su sombra, sus frutos y sus semillas, también los robles llegan a su fin.
Pero un árbol que ha dado fruto no muere sin dejar huella.
Raúl Ortega Zagoya ha terminado su jornada, pero su legado permanece.